03/03/2020
BUENAS!!! AQUI LE COMPARTIMOS UN ESCRITO DE NUESTRO COMPA NICO! ESPERO Q LO DISFRUTEN COMO NOSOTROS!! Q TENGAN LINDA JORNADA!
Galimatías de arrabal.
¿Qué pasaría si intentara romperlo todo a mi paso?
Confuso y siniestro era, el presagio del poeta Ramón. Su locura lo precedía, cosa de antes cosa vieja, equipaje de una familia que no viajaba en tren, pero que tampoco viajaba en avión. Heredero del amor de su madre y las golpizas de su padre; escultura tallada a mano, a palo, a pico, a patadas y escupitajos, a insultos y desmadres. Borracheras de noche buena, año nuevo y carnaval.
En ningún lugar paraba, más nadie le tenía en cuenta. Su presencia nada ofrecía y sin embargo allí estaba, tarareándole a la luna. Su fiel compañera, su dama de blanco, desposándola cada noche como si fuera la primera vez...
- Que espectáculo señores! - Exclamaba el viento que soplaba sobra las copa de los árboles.
Y el poeta recitaba: “Vagamundos que vagabundean por las vidas desvividas de aquellos que fingen sonreír, que se olvidan de llorar, por voluntad propia o a la fuerza.
Circulando al ritmo de las masas, dejan una parte de sí, en cada esquina y en cada escenario ficticio, motivados por algún brebaje que calma pero no cura, que cubre, pero no sana, que los pone de la cabeza y los impulsa a ser mas que nadie, para que nadie sea mas que ellos. Y salen a rodar, porque en el ruedo yace su estilo de vida. El de vagar sin rumbo alguno, pero no por ello olvidándose del valor de uno.
Que ironía querida, que tu allí y yo aquí, distanciados, viviendo realidades distintas, nos encontremos deseosos de que la noche nunca acabe. Expectantes del show que la vida, desgraciada y exigente, tiene para ofrecernos…”
En cada paso que daba, su piel se desprendía como la corteza del árbol mas viejo. Como el deseo de un poeta desvelado cuyo único fin era el de exiliar las palabras de su boca, el barullo que habitaba en su mente y los sentimientos desvirtuosos del corazón. El vago seguía andando, porque esa era su filosofía de vida.
A modo de propina acostumbraba a dejar historias carentes de sentido, en la barra o a las putas, sin importar el momento o el lugar, en tanto abría su boca comenzaba a destilar.
- El arte es vida! – repetía, una y otra vez.
Ramón aspiraba a ser escritor, de los buenos, de los que venden, de los que bendicen, pero también maldicen. De aquellos que se pasean por la vida como si ésta de nada valiera, perdiendo el tiempo e intentando hallar la gloria. Pero la única verdad acá, es que nada de eso existe, porque el vago, presuntuoso de su arte, no cree en cuentos de fantasía. Su verdad es demasiado cruda para ser catalogada como tal. Dulce tesoro de los inocentes.
Aun habiendo tenido que lidiar con aquel padre en su adolescencia, eligió dejar la rabia a un lado y enfocarse en lo importante.
Sembrando sus pasos sobre la tierra fértil, el negro aspiró a más. Encausándose a través de un bosque de fuegos fatuos, las desventuras comenzaron a llover. Cada hecho, cada suceso que presenciaba lo marcaba de principio a fin.
Días oscuros, noches de claridad. Aquel bosque lo ofrecía todo, pero el costo era muy alto puesto que un sacrificio debía llevarse a cabo. Enfocado en sus sueños el vago encaró de una y sin pensarlo, después de todo:
- Vivir cuesta vida – se decía a sí mismo.
El afán de llegar a lo más alto y de recitarle a la vida cánticos de libertad, alimentaba su espíritu. Ramón sabía que la cosa no iba a ser fácil, era demasiado perfecto incluso hasta para pensarlo, aunque realmente poco le importara. Su demencia le daba color a su vida.
El camino del héroe había comenzado.
Delincuentes y rufianes se hacen presente en busca de sus sueños, con vestimenta de hospital y chalecos de fuerza, intentan acallar su voz, pero fallan. El vago huye, corre por su vida y la de su dama, después de todo no puede permitir que nada ni nadie los separe.
El negro sabe que en cualquier momento se la van a cobrar, sabe que la está cagando y de lo lindo. Aun así, no ha de ser un impedimento para seguir avivando giles, para despertar a todo aquel que se encuentre dormido o distraído, obnubilado, por los fuegos fatuos.
Menuda tarea la del quijote del barrio de Flores. Con los huevos bien puestos sigue al frente, cantando y destilando verdades, que por más ciertas que sean, no a todos les gustaría oír.
- Oh Dulcinea, mi amor… faro de mis noches más oscuras, no permitas que perezca ante la ignorancia de este mundo cruel, ¡alumbra mi camino! – Plegaria del Negro Ramón a su amada.
Transmutando su sentir, recita los versos más dulces y despiadados nunca jamás antes escuchados.
“Descansan impunes en el dolor y en la tragedia
de cada historia relatada, de cada mente socavada.
Gobernándonos la razón, se alzan con ímpetu
sobre todo aquel que se atreva a romper con
lo pactado.
Trazan sobre el firmamento sueños y promesas
que poco a poco van tomando forma de puñal.”
Revelación de un futuro caótico.
Luego de una noche agitada, el negro decide volver a casa. Esta vez la sacó barata, se siente victorioso y por eso, se da un permitido. Toma de su petaca y se recuesta sobre el cartón humedecido.
El negro no es boludo, el negro sabe que si baja la guardia se la van a poner, ¿Pero si no lo hace él, quien lo va a hacer? Qué mejor oficio que el de andar avivando giles...
Se da media vuelta y cierra los ojos, mañana será otro día.