Senderos, ladrillos, grifos, escalas, muros, voces, sentencias, ambigüedades, olores, excretas, mentiras, verdades. ¿Cuántas palabras definen lo público? Sin querer escapar por las callejuelas oscuras de los múltiples abordajes teóricos que nombran y definen este concepto, nos inquieta que cada vez los espacios físicos y simbólicos que suponen el encuentro y la construcción en conjunto, han sido d
esplazados por prácticas privadas e ideas que conciben las relaciones con los seres vivientes desde la imposición de preceptos que anulan composiciones comunitarias de lo público. Nos inquieta la omisión de los actores que construyen espacios públicos como: perros callejeros, artistas, vendedores ambulantes, ciudadanos que habitan las calles de diversas formas y cualquier otro ser viviente que topamos en los incontables senderos urbanos y rurales. Por estas razones, mutamos en una iniciativa que reivindica, investiga, socializa, propone, cuestiona y se divierte en los espacios públicos, estos no solo son parques y calles; también muros y conversaciones; árboles y miradas de perros callejeros; montañas y prácticas que nos identifican. Desde el sur de esta américa fragmentada, agarramos nuestras mochilas y emprendemos un viaje callejero por palabras encarnadas en asfalto y tierra viva, queremos que nos acompañen todas y todos los que a veces no pueden conciliar el sueño o los que simplemente sueñan más de la cuenta; desde sierras, desiertos, costas, selvas, sabanas, llanuras y paramos, enviamos una invitación para que se sumen a este reconocimiento de los espacios que habitamos y encontremos nuevas definiciones de lo que somos o simplemente los silencios que se esconden entre las palabras que nos nombran.