08/07/2024
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Al cobrar una venta, es como si empezaras a rodar cuesta abajo en tu bicicleta, mientras levantas tus manos para permitir que la brisa te libere de todas tus cargas…
No necesitas motor y nadie hará falta para convencerte de que tienes alas.
Cobrar una venta es un momento de triunfo, un chispazo en el que todo el trabajo duro y la fortaleza de tu voluntad finalmente dan sus frutos. Ese momento es quizás como lo que significa el olor del pan recién horneado para el olfato del panadero, igual a eso que también debe de sentir un pájaro cuando emerge por encima de la sonrisa del abismo a donde finalmente fue arrojado.
Así ocurre con el vendedor y cualquiera podrá imaginar lo que siente al momento de cobrar su venta, porque bien podríamos compararlo con ese inolvidable momento en que termina la subida y empiezas a rodar en su bicicleta cuesta abajo, escuchas zumbar el viento contra sus oídos, el esfuerzo ya fue superado y una sensación de alivio recorre tu cuerpo y libera su alma.
El ciclista levanta sus manos para permitir que la brisa lo libere de todas sus cargas. No necesita de ningún motor y encima, nadie necesitará convencerle de que tiene alas, porque vuela sobre la cuesta y puede sentir hasta la última pluma de sus alas.
Cobrar una venta es más que una simple transacción financiera, es la validación de tu trabajo, una inyección de confianza interna y la confirmación de tu valor personal, porque cobrar una venta en realidad no es un pago por los productos o servicios que ofreces, sino la disipación de tus incertidumbres, la llave que sólo puede modelar tu perseverancia y la solvencia que al final de todo trabajo se gana.