18/11/2025
El espejo que todos creímos de madera… pero no: era modelado en masilla.
Llegó al taller con la idea de “volver a la madera”, pero algo en mí decía que ese material no era lo que parecía.
Probé, confirmé, y ahí lo supe: había que pintarlo.
Su dueña lo quería en símil madera, algo que jamás había hecho. Un lindo salto al vacío.
Y justo, como si el universo dijera “dale, animate”, me había inscripto al taller Teoría del color aplicada a la madera de . Fue clave para dar con la paleta exacta.
Tuve dudas, miedos y ese cosquilleo que aparece cuando una sabe que viene un desafío grande.
Pero avancé… y el resultado está a la vista. Para su dueña y para mí, fue increíble.
La historia larga del marco la conocí recién cuando lo terminé. Y ahí entendí por qué tenía que llegar a mis manos.
La dueña anterior —que ya no está— fue parte de mi infancia. Pasé muchas horas en su casa, y en la mía todavía viven objetos que fueron de ella.
Dos días antes de enterarme de todo eso, me crucé con su ahijado después de años sin vernos. Obvio, hablamos de ella.
El lunes a la mañana me desperté, miré el marco y tuve una revelación sobre cómo profundizar las molduras. Me puse a trabajar y lo terminé ahí mismo.
Al mediodía, mientras le sacaba fotos, me escribe su dueña después de 22 días sin contacto.
“¿Cómo va el espejo?”.
Le respondí: “¿Estás conectada con tu espejo? Porque mirá…” y le mando la foto.
Ahí me dice: “Ese marco tiene una historia muy significativa. Ahí había una Virgen del Carmen. Era de Nena Darroquy”.
Y seguimos hablando de su vida, de su historia… y de la parte que también ocupa en la mía y en la de mi familia.
Historias así le dan un sentido más profundo a mi trabajo.
Gracias a cada persona que confía en mí, incluso cuando es “mi primera vez haciendo eso”, pero igual se enamora del resultado.