de la capital comunal, Ñipas. Este caserío se formó siguiendo la costumbre colonial de inquilinaje, que consistía en regalarle a sus obreros permanentes, pequeños lotes de terrenos de sus fundos para que levantaran sus propias casas. De esta manera compensaban los bajísimos salarios en dinero que pagaban. La localidad cuenta con 123 habitantes, número que no ha sufrido variaciones significativas e
n los últimos 30 años. Dicha invariabilidad demográfica se debería a los constantes flujos migratorios de las generaciones jóvenes, los que a su vez generan redes de interconexión con el acceso a nuevas tecnologías y satisfacción de necesidades. SAN MIGUEL
Cerca de Ñipas, en una quebrada junto al camino, en la rivera del estero Pirihuín, localidad de Pueblo Viejo, en los viñedos de quien el año 1916 fuera Doña Tránsito Alarcón de Mariangel, mientras se realizaban labores de cavas de viñas, fue encontrada, por uno de sus trabajadores, una pequeña figura de madera, bautizada como “San Miguel”, nombre que fue corroborado en aquellos años por quien ejerciera como Obispo de Concepción. Un día al enfermarse Doña Tránsito, se encomendó a la pequeña figura de Miguel, recibiendo mejoría, tomándolo desde entonces como su “Santo Milagroso”. Doña Transito mejoró, y desde entonces la imagen es venerada cada 29 de Septiembre en un humilde santuario, levantado en la parte alta de la ciudad, en casa de la familia heredera. Hasta los años 40, la imagen se veneraba en el sector hoy conocido como Pueblo Viejo, ubicado al poniente de la ciudad, (Que en aquellos años era el principal Villorrio de la comuna de Ránquil, hasta que por la construcción de la estación de ferrocarril, el poblado cambio su sitio al actual Pueblo de Ñipas). Allí, formo parte del patrimonio de la familia Muñoz Mariángel, quienes acordaron por tradición traspasar con los años, en herencia la imagen de San Miguel, para su veneración, con el pasar de los años la imagen fue trasladada hasta el alto del pueblo, lugar donde en la actualidad se encuentra su santuario, ubicado en una casa particular, en la parte sur de la ciudad, al cual le ofrecen oraciones, promesas, dinero y todo aquello que la fe del pueblo coloca, transformándose en la segunda fiesta religiosa de la Octava Región , que atrae feligreses, peregrinos , comerciantes y curiosos, después de San Sebastián.