31/07/2026
En el umbral entre la tierra y el cielo, donde el paisaje despliega su manto verde y árido, se erige una coreografía arquitectónica de innegable serenidad. Este hogar, un diálogo viviente entre la materia ancestral y el diseño contemporáneo, nos invita a repensar el habitar como un acto de contemplación.
La estructura se define por una dualidad fascinante: un volumen geométrico de yuxtaposiciones blancas, casi ingrávido, parece flotar con precisión matemática sobre una base de muros de piedra rústica local y texturizada. Esta “caja flotante” en voladizo no domina el paisaje, sino que lo enmarca, creando una tensión visual entre la robustez de la tierra y la delicadeza de la abstracción y por otro lado, la liviandad del cristal con estos elementos verticales que filtran el ingreso de la luz en los costados occidentales del volúmen.
Es la integración brutalista suavizada por la pureza de la luz y de los elementos que filtran el paisaje hacia su interior.