20/08/2026
Durante décadas, las cabras ferales fueron una de las mayores amenazas para los ecosistemas de Galápagos. Al alimentarse de la vegetación nativa, competían directamente con especies como las tortugas gigantes y las iguanas terrestres, además de alterar el hábitat de numerosas especies endémicas.
🌿 La solución fue una estrategia de erradicación científica.
¿Pero cómo encontraron a los últimos animales?
🐐 Las “cabras Judas” fueron fundamentales. Algunas cabras fueron esterilizadas y equipadas con dispositivos de seguimiento. Al ser animales sociales, se reunían con otros grupos y permitían a los equipos localizar las poblaciones restantes mediante telemetría.
🚁 Cuando quedaban pocos individuos, se utilizó una combinación de búsqueda terrestre y operaciones aéreas para localizar y eliminar los últimos ejemplares.
🔎 Después vino una etapa igual de importante: el monitoreo. La erradicación debía comprobarse y mantenerse para evitar que la población volviera a establecerse.
🌱 ¿El resultado?
La vegetación comenzó a recuperarse y, con ella, las especies nativas. En el volcán Darwin, por ejemplo, se ha observado una recuperación de la vegetación y un crecimiento de las poblaciones de tortugas gigantes después de la eliminación de las cabras.
💡 La gran lección de Galápagos:
Controlar una especie invasora no significa solamente eliminar animales. Significa entender el ecosistema, utilizar ciencia y tecnología, actuar de manera coordinada y monitorear durante años la recuperación de la naturaleza.