Soy arquitecta superior, luego especializada en arquitectura del paisaje. Las dos disciplinas tienen importantes puntos de contacto y objetivos; en ambos casos se trata del diseño y construcción de espacios que aportan bienestar a los seres humanos. En el paisajismo los arboles, los arbustos, las flores, son un abanico casi infinito de materiales, texturas, formas, colores y olores, aunque en algu
nos casos pueden no tener un papel prioritario respecto a los otros elementos que definen el espacio; sin embargo es lo que más me apasiona de este trabajo. Moví mis primeros pasos al lado de la paisajista Bet Figueras de quien aprendí de una forma practica como llevar y realizar un proyecto y que además me enseñó la belleza y el potencial del paisaje mediterráneo especialmente. La creación de nuevos espacios siempre empieza con la observación del existente, del entorno, de las relaciones entre lo que hay y lo que se pretende hacer. Se trata de una observación profunda, que se avale de la mirada, de las percepciones, pero también del análisis histórico-geográfica del lugar. El objetivo principal en mi trabajo, el elemento clave en la escala de valores que me describen, es la generación de espacios de bienestar, espacios donde poder sentirse bien, a gusto, felices, en armonía con uno mismo y con el entorno. Diría que se trata de acondicionar el espacio para el hombre, a medida del “hombre” (custom) y en relación con el entorno preexistente.