30/08/2025
La mayoría de la gente no imagina todo lo que ocurre sobre los techos. Allí, en el espacio oculto tras el falso techo, late una red imprescindible: tubos y conductos que funcionan como las tripas, las venas y los nervios de los edificios. Por ellos circula lo que sostiene nuestra vida cotidiana: agua potable, aguas residuales, electricidad, gas, refrigerante, datos, aire limpio que entra, aire viciado que se expulsa, humo que se evacúa.
Normalmente hemos convenido esconderlo todo bajo un revestimiento, del mismo modo que la piel cubre los órganos del cuerpo y no deja ver nada tras un rostro pulido o un torso terso. En las reformas, cuando cada centímetro de altura libre cuenta, esos conductos se aprietan, se cruzan y se enredan en configuraciones imposibles, como si buscaran a toda costa un hueco para abrirse paso. Esa maraña me recuerda a los dibujos anatómicos de un joven Ramón y Cajal, donde las “instalaciones” del cuerpo humano aparecen entrelazadas con idéntica urgencia vital.