17/04/2026
Lanzarote define una manera muy concreta de habitar, marcada por el viento, el sol y la luz intensa, y la presencia constante de la piedra volcánica. Un territorio en relación directa con el clima y el paisaje.
En este entorno la arquitectura debe ser esencial. Los volúmenes, blancos y rotundos, se separan ligeramente entre sí para permitir que aparezcan patios y jardines que se incorporan a la vivienda. El espacio se construye alrededor del jardín.
Las esquinas redondeadas, la piedra y el jardín de cactus sitúan la casa en su contexto inmediato. Hay una continuidad natural con el paisaje, una forma de asentarse sin fricción.
La piscina recorre todo el frente y ordena la vida de la casa. Las estancias se abren hacia ella, y las suites prolongan su espacio hacia el exterior con terrazas propias y acceso directo desde el interior, incorporando el agua al uso cotidiano.
La geometría en L recoge el conjunto y crea un ámbito protegido del viento. En ese espacio, la casa encuentra una escala más íntima, con el sol acompañando durante todo el día.
Una forma de habitar ligada al lugar, donde cada decisión responde al clima, a la orientación y a la manera de vivir.
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