10/06/2026
Acción de gracias por mis 31 años de sacerdocio
Señor, hoy mi corazón se llena de gratitud al mirar hacia atrás y contemplar el camino recorrido durante estos 31 años de ministerio sacerdotal. Han sido años de alegrías y dificultades, de encuentros y despedidas, de sueños cumplidos y de cruces abrazadas. Y en cada momento, incluso cuando no era capaz de verlo, Tú has estado presente.
Te doy gracias por mis padres. Por el don de la vida que recibí a través de ellos, por los valores que sembraron en mi corazón, por su esfuerzo silencioso, por su ejemplo de sencillez, de trabajo y de fe. Gracias por todo lo que me enseñaron y por seguir sintiendo su presencia en cada paso de mi camino. Hoy los llevo conmigo de una manera muy especial, porque también ellos forman parte de esta historia de vocación y de servicio.
Gracias por mi familia, por quienes me han querido, acompañado y sostenido en los momentos más importantes de mi vida. Gracias por tantas personas que han sido hogar, apoyo y amistad verdadera.
Gracias por todos los pueblos y comunidades que me has confiado. Por cada niño bautizado, cada joven acompañado, cada matrimonio bendecido, cada anciano escuchado, cada enfermo visitado, cada persona que ha compartido conmigo un trozo de su vida. Gracias por los rostros, los nombres y las historias que han ido llenando mi corazón durante estos años.
Hoy recuerdo especialmente a tantas personas que ya descansan en Ti. Hombres y mujeres sencillos que dejaron huella en mi vida, que me enseñaron a ser sacerdote, que me regalaron su confianza, su cariño y su fe. Ellos siguen vivos en mi memoria y forman parte de lo que soy.
Gracias por los compañeros sacerdotes con quienes he compartido misión, preocupaciones, alegrías y esperanza. Gracias por mi Iglesia diocesana, por quienes han confiado en mí y me han ayudado a crecer humana y espiritualmente.
Gracias por la gente sencilla de nuestros pueblos. Por quienes trabajan la tierra, por quienes luchan cada día por sus familias, por quienes sostienen la fe desde el silencio, por quienes me han abierto las puertas de sus casas y de su corazón. Ellos han sido para mí una verdadera escuela de humanidad y de Evangelio.
Señor, después de 31 años, puedo decir con humildad que he recibido mucho más de lo que he dado. He llegado a muchas personas como sacerdote, pero son ellas quienes me han evangelizado tantas veces con su ejemplo, su generosidad y su capacidad de seguir adelante.
Por eso hoy solo quiero repetir una palabra: gracias.
Gracias por la llamada que un día me hiciste.
Gracias por tu paciencia con mis limitaciones.
Gracias por tu fidelidad cuando yo he sido débil.
Gracias por cada persona que has puesto en mi camino.
Y mientras sigas confiando en mí, aquí estoy, Señor, con el mismo deseo de aquel 10 de junio de 1995: seguir caminando contigo, servir a tu pueblo y anunciar tu Evangelio.
Todo es gracia. Todo es don. Todo es tuyo.
Amén.