09/04/2026
Escucho mucho el discurso de “excelencia” y “no seas mediocre”.
Y siempre me queda la misma duda:
¿Quién es la medida de todas las cosas?
¿Tú eres excelente? ¿Tú sabes qué es excelente?
Yo no.
Por eso me gusta el 8.
Porque el 8 se puede lograr, se puede medir, se puede sostener.
Y sobre todo: se puede repetir.
El problema del discurso de “10/10” es que nos hace olvidar algo básico: no es proporcional.
Del 8 al 9 y del 9 al 10, el esfuerzo es abismal.
Eso no es poesía: es un principio clásico de rendimiento marginal decreciente (diminishing returns): cada unidad extra cuesta más para lograr menos mejora. 
Y aquí viene la parte incómoda:
En la vida real, lo “perfecto” también genera desconfianza. En reseñas y calificaciones, los estudios muestran que un 5.0 perfecto no necesariamente convierte más; la gente sospecha de lo “demasiado bueno para ser verdad”. 
Entonces, en vez de obsesionarte con el 10, piensa como operador:
• el 8 es estándar operable
• el 9 es refinamiento (quitar fricción)
• el 10 es mito si te quema y no lo puedes sostener
Para subir de nivel necesitas inspiración, sí. Pero también tranquilidad, sueño y consistencia.
Porque “excelencia” sin sistema es solo una palabra bonita.