18/07/2026
En los últimos días me ha tocado realizar varios mantenimientos correctivos a sistemas fotovoltaicos interconectados. Lamentablemente, en muchos de ellos encontré problemas que se repiten una y otra vez: ausencia de conductor de puesta a tierra, canalizaciones inadecuadas, protecciones incorrectamente seleccionadas, conductores de corriente alterna subdimensionados, errores en el cálculo de interruptores e incluso el uso de cable THW en la parte de corriente directa, donde debería utilizarse cable fotovoltaico.
Esto me lleva a una reflexión.
En redes sociales es cada vez más común leer que muchas empresas instaladoras están perdiendo proyectos porque el cliente elige la propuesta más económica. Sin embargo, creo que el problema va más allá del precio.
La realidad es que muchas veces el cliente no cuenta con la información suficiente para comparar propuestas. No está comprando exactamente lo mismo. Está comparando cotizaciones que ofrecen alcances, materiales, niveles de seguridad y calidad completamente diferentes.
Una empresa que invierte en capacitación, personal certificado, cumplimiento de la normativa, materiales adecuados, servicio postventa y respaldo técnico difícilmente podrá tener el mismo precio que quien elimina esos conceptos para reducir costos.
Por eso considero que nuestra responsabilidad como ingenieros e instaladores no termina cuando entregamos una obra. También debemos difundir la importancia de las buenas prácticas, explicar por qué existen las normas y ayudar a que los usuarios comprendan qué están comprando.
Un sistema fotovoltaico debe generar ahorro, pero también debe ofrecer seguridad, confiabilidad y una vida útil de muchos años.
La mejor forma de dignificar nuestra profesión no es entrar en una guerra de precios, sino seguir promoviendo instalaciones de calidad y clientes mejor informados.
Porque al final, lo barato puede salir muy caro cuando se trata de una instalación eléctrica.