19/06/2026
“No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.”
— Isaías 43:1
Hay personas que se alejaron de Dios y piensan que ya no tienen regreso. Creen que sus errores fueron demasiado grandes, que fallaron demasiadas veces o que ya perdieron su oportunidad. El enemigo les ha hecho creer que su historia terminó.
Pero Dios habla de una manera diferente.
Él no dice: “Cuando seas perfecto, volverás a ser mío.” Él dice: “Yo te redimí; mío eres tú.”
La redención significa que Dios pagó el precio para recuperarte. Él no te ve únicamente por tu caída; te ve por el propósito con el que te creó. Tu pecado puede haberte alejado de Su presencia, pero nunca anuló el amor con el que Él te llamó desde el principio.
Quizá hoy te sientes como alguien sin identidad, sin fuerzas y sin esperanza. Sin embargo, Dios sigue llamándote por tu nombre. Él no ha olvidado quién eres, aunque tú hayas olvidado quién eres en Él.
No importa cuán lejos hayas llegado. El hijo pródigo descubrió que la distancia no era más grande que el amor de su padre. Mientras haya un corazón dispuesto a regresar, siempre habrá un Padre con los brazos abiertos para recibirlo.
Si hoy sientes que todo terminó, escucha la voz del Señor:
“No temas.” Porque tu pasado no tiene la última palabra.
“Yo te redimí.” Tu deuda ya fue pagada.
“Te puse nombre.” Tu identidad no está en tu fracaso, sino en el Dios que te llamó.
“Mío eres tú.” Aunque te alejaste, Él sigue llamándote para volver a casa.
Dios no está buscando condenarte; está buscándote para restaurarte. Lo que para muchos parece el final, para Dios puede ser el comienzo de una nueva historia.